Post Evento

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La gestión y organización de un evento necesita de un tiempo previo de antelación para poder cerrar cualquier asunto o detalle y así rozar la perfección del mismo, salvaguardando la espontaneidad caprichosa de los imprevistos.

Sin embargo, hay muchos profesionales, que conforme termina la celebración del mismo, consideran que también ha terminado su labor a su servicio, posición que bajo mi punto de vista, es un graso error.

Es durante la teoría aprendida y en numerosos manuales sobre gestión y organización donde nos enseñan las diferentes partes que la celebración de un evento conlleva que en numerosos casos en la práctica, parece que a más de uno se le olvidan; hay que pensar siempre en el pre evento, el durante, y la parte olvidada y relegada por muchos, el post evento.

Cyprus the Buffer Zone.

Centrándonos en la última fase, el post evento, debemos fijarnos en la importancia tanto de llevarlo como de saber cómo realizarlo, ya que será en este momento, cuando podremos conocer de primera mano la repercusión de nuestro evento tanto en medios (si fuera un evento abierto a los mismos) como en los propios asistentes y también en redes sociales, herramienta que se ha convertido en la reina de la medición del retorno de inversión en muchas ocasiones en nuestro sector.

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Recordar que todos los resultados que obtengamos del mismo, deberemos incluirlo en un informe final que nos sirva para poder comparar en el caso de que sea un evento que se repite en el tiempo, o para demostrar nuestra efectividad y los buenos o malos resultados de la celebración del mismo.

¿Cómo podemos llevar a cabo el post evento?

Bajo mi punto de vista, considero que para conseguir realizarlo de manera eficiente, debemos distinguir en varias partes en el post evento, dependiendo de las características de los mismos:

prensa

  • Repercusión mediática: Conoceremos los datos totales de este tipo, si hemos hecho un seguimiento previo, durante y después del evento de los medios, comenzando en el momento en el que comienza a publicitarse por diferentes vías,  junto con una eficiente relación con los mismos y una detallada observación que nos aporte el llamado clipping completo al 100%. Recordar que justo cuando termina el evento no podemos dejar de seguir los medios con la noticia del mismo, debemos continuar un tiempo prudencial después de su celebración.

 

  •  Repercusión online: Al igual que en la mediática, debemos realizar la medición desde que el propio evento se publicita y pasado un tiempo desde su finalización. Existen muchos mecanismos gratuitos y de pago que nos aportarán  datos, mediciones y conclusiones junto con números de impacto, impresiones, gráficas, personas más interactivas y un largo etcétera que enriquecerá nuestro informe post evento.

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  • Repercusión en los asistentes: Es indispensable conocer la opinión de quienes asistieron a nuestro evento, ya que serán los nos ayuden a conocer nuestros posibles fallos y aciertos. Debemos hacerlo mediante preguntas directas durante el evento para saber que percepción está causando in situ, a través de sus comentarios en redes sociales mediante palabras clave o hashtag y con cuestionarios posteriores a la celebración, lo que se llama la opinión en frío.
  • Repercusión económica: Será el momento de saldar cuentas pendientes con los proveedores que nos queden y ver el beneficio aportado por el mismo.

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Por último, es esencial que los propios organizadores hagan autocrítica del evento, compartan sus percepciones, los aspectos que consideran a mejorar o eliminar y posibles ideas de futuro.

Como podeis comprobar, esta fase del post evento es determinante para cualquier profesional, no dejéis que el cansancio os la arrebate y demostrar vuestra valía con los informes de resultados que de él se derivan.

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Consultor Político

Muchos son los que opinan que detrás de un gran político, hay una gran mujer. Pero dentro de la verdad que contempla esta frase, debemos recordar que detrás de un político, también hay un gran equipo de consultores políticos.

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Pero, ¿qué es un consultor político? Esta figura ha jugado en muchas ocasiones un papel vital en procesos electorales alrededor del mundo. Si buscamos una definición completa de este profesional, diremos que el consultor político es el especialista que cuenta con la confianza del político, partido o candidato gracias a los conocimientos especializados y la experiencia  y que ayudarán a éstos a conseguir el poder o mantenerse en él.

AsesoresEl consultor político suele hacerse visible normalmente en campaña electoral, ya que es durante esos días donde su trabajo se percibe de manera más directa, aunque bien es sabido que la campaña se lleva a cabo de manera permanente y por tanto, sus funciones son constantes en el tiempo.

Si echamos la vista atrás, vemos que siempre han existido especialistas en materias que están relacionadas con la política. Retórica, oralidad, medios de comunicación y redes sociales y nuevas tecnologías a día de hoy, son parte de los elementos indispensables de la vida diaria de estos consultores.

Dentro de sus campos de actuación, podemos hablar entre otros de las asesorías,  creación de estrategias,  formación individualizada, estudios personales, apoyo al liderazgo, entrenamientos, marketing y lo referente a campañas electorales.

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Pero esta profesión tan necesaria y al orden del día, cuenta tanto con adeptos como con detractores. Parte de la culpa de su mala fama la tienen  las prácticas tóxicas políticas generalizadas de manera internacional, que ha conseguido devaluar la imagen del consultor. Corrupción, falta de transparencia, maquillaje de cifras y sobre todo el enchufismo de personal sin conocimientos debido en ocasiones a los favores pasados forman parte de este listado negro.

No toda la culpa es siempre del propio político, también existe oscuridad entre la propia profesión, es decir, personajes que se hacen llamar consultores que viven de la mentira, el engaño, el robo y el aparentar. El intrusismo es una de las mayores enfermedades que afecta a la consultoría.

asesores-politicosPara hablar de consultor político, son necesarios unos conocimientos determinados que poder aplicar, tener experiencia en el campo que nos ayude a mejorar en el caso de no conseguir los objetivos previstos, y ostentar una serie de características que potencien la profesionalidad individual o en grupo de esta profesión.  La coherencia, confianza, buen comunicador y dotes de creatividad y relaciones públicas forman parte de las mismas.

Por ello, considero que  un consultor político debe ejecutar acciones que fomenten la política de calidad y tener cierta ética a la hora de llevar a cabo determinadas acciones, donde una práctica correcta y anclado en el sentido común prevalezca al aumento progresivo de las arcas propias. El tener un consultor detrás, tiene un precio que a día de hoy, la coherencia y la austeridad se encargan de regular. No por cobrar más, se consiguen los mejores resultados y viceversa. Establezcamos el punto medio y hablemos desde la propia razón.

En este enlace en el blog de Ignacio Martín Granados, encontrareis un estupendo resumen de lo que un consultor reconocido y considerado el padre de la consultoría política en España como es Jose Luis Sanchís  opina del pasado y futuro de esta profesión. 

Intrusismo y derivados

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La noticia de la imputación de un llamado “Gurú” de las campañas electorales volvía a poner en sobreaviso a todo un sector profesional.

Si  no tenemos bastante con los enchufes a dedo de determinadas personas, derivados de favores anteriores,  en puestos con cierta necesidad de conocimientos especializados que terminan por desacreditar a los profesionales de verdad en la materia, ahora la aparición de gurús, maestros o guías llenan el camino de la ética profesional de incómodos obstáculos para quienes desarrollan su trabajo amparados en la ética y el respeto que realmente merecen.

Una noticia que ya anticipaba Luis Arroyo en su espacio web hace varios años, deja abierto el debate acerca de en manos de quienes dejan los políticos sus campañas políticas y que mensaje se transmite con estas acciones a la población.

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Es cuando se habla de ganar el poder, cuando se buscan referencias de profesionales del sector a través de medios, agencias, opiniones, experiencias anteriores de otros partidos u otras campañas, y un largo etcétera que da comienzo al procedimiento  de búsqueda de un consultor que de las claves del éxito político.

Y es que hay campañas que revisten de buena reputación a los consultores en comunicación política; el haber trabajado para grandes partidos a nivel nacional o participado en la de Obama son llaves mágicas que abren puertas de humo en muchas ocasiones.

Y hablo de humo porque si el intrusismo es un virus contra el que se lucha a diario, la guerra contra los vendedores de esta materia es constante.

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Lo mas curioso lo encontramos cuando esos llamados “consultores políticos profesionales” no conocen de primera mano el contexto, en este caso, español ni su sistema político a la hora de comenzar a participar la batalla electoral, incluso las diferencias culturales pueden hacer imposible la construcción de estrategias, e inviable el manejo de herramientas electorales acorde a las circunstancias.

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El peligro toma forma cuando los datos de los candidatos a contratar no son contrastados y estos autodenominados gurus, aun pidiendo cifras lejos de la coherencia y el sentido común, encuentran a quien les contrata para alardear de ello.

La amenaza de encontrarnos con esta figura tóxica, radica en la responsabilidad que supone poner en manos de personas incompetentes, sin una experiencia mas allá de la que hacen creer que tienen,  todo un proceso democrático, partidos políticos e indirectamente las convicciones políticas de la ciudadanía.

En definitiva, la comunicación política necesita contar con especialistas con formación y experiencia para poder desenvolverse de manera adecuada y dar respuesta a  las necesidades de partidos e instituciones, consiguiendo realzar una profesión con un alto nivel de responsabilidad, siendo peligroso dejarlo en manos de vendedores de humo que hablan más que actúan, que presumen de una reputación inexistente y que aprovechan los rumores para beneficiarse. Comencemos por ser honestos antes para poder ser profesionales.