Superalcaldes

Está claro que el tejido municipal en España tiene un porcentaje bastante alto de localidades con un bajo número de habitantes y es en estos micromunicipios donde en un proceso electoral, no se vota a un partido, se vota a un candidato. A este candidato se le conoce desde siempre, porque es ante todo vecino y ciudadano. Es en el momento de su elección, cuando asistimos al cambio de la simple condición de vecino a la de la creación de un superhombre o supermujer.
Cuando sale elegido un candidato debe hacerse la siguiente pregunta: ¿Estoy realmente preparado o preparada para ser un superhombre o supermujer?¿Podré dejar de lado mi vida anterior?

Ser alcalde es una tarea multidisciplinar. No solo representas a los vecinos del pueblo, tambien eres el responsable de solucionar cualquier asunto que les pueda concernir.
Cuando se es elegido alcalde de un micromunicipio, todo cambia a su alrededor porque no solo se convertirá en un cargo público, se convertirá en fontanero/a, electricista, albañil, bombero, jardinero/a e incluso psiquiatra, entre otras muchas cosas.

Afirmo que en la clase política, encontramos individuos muy diferentes entre sí, pero el caso de los superalcaldes polivalentes es, en la mayor parte de los municipios con menos de 5000 habitantes, una constante digna de observar.
Con esto me refiero al contrato que firman representantes municipales y ciudadanos, donde existen cláusulas invisibles que no salen a la luz hasta el momento en el que se demuestra su compromiso con el pueblo.

Será su capacidad de resolución, junto con sus habilidades sociales de escucha activa entre otras, las encargadas de que su popularidad aumente o no entre los ciudadanos de su municipio.

Por tanto, ¿Los alcaldes de micromunicipios, están disponibles 24 horas, los 7 días de la semana?

En mi opinión, considero que indirectamente lo están, y que deben de estar mentalizados para la dura tarea que supone ser representante en estos municipios.
Deben saber que haciendo la compra, harán de representantes consistoriales escuchando la quejas de sus vecinos, que paseando a su perro, harán labor de guardián del orden, tomando café en el bar de la esquina les someterán a un tercer grado sobre cuando cambiará el banco del parque, o incluso, tendrán que mediar en plenos extraordinarios a pie de calle sobre su gestión y las ayudas a sus vecinos.
Esto son los superalcaldes, aquellos que viven por y para su pueblo, demostrando su vocación política multidisciplinar, y de los que nuestro país se nutre en muchos de sus rincones.

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Estrategias objetivas y resultados subjetivos

“Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento.”

Con estas palabras, Abraham Lincoln se refería a la representatividad que los ciudadanos, en elecciones, les otorgan mediante el voto a determinado color político. Indirectamente habla de democracia, donde el pueblo ejerce la soberanía mediante elección libre de sus dirigentes.
Pero esa elección libre, ¿es objetiva, o subjetiva?
Evidentemente, esa preferencia conlleva intereses de diversos tipos, afinidad, empatía, etc… no podemos pensar que la elección de votar a determinado partido es objetivo, ya que siempre conlleva alguna esencia subjetiva.
El cómo los partidos trabajan para llegar a tener calado en esa subjetividad y que los ciudadanos se sientan identificados con ellos, sus dirigentes y su forma de hacer política, dan sentido a las estrategias políticas.

La finalidad de las estrategias consiste en llegar al objetivo principal; la consecución de mas representatividad, lo que conlleva obtener mas votos y por tanto, mas poder político en las instituciones.
Si el partido ya disfruta de poder político e institucional, su objetivo será fidelizar a sus votantes y conseguir captar nuevos para afianzarse en la posición.
Con el tiempo, cada partido tiene un “nicho de votantes”, que se refleja en sondeos y encuestas privadas, donde se indica hacia que población deben enfocar sus mensajes y su estrategia.
No es lo mismo enviar un mensaje a un grupo de población joven que a uno mas maduro, los intereses de uno y otro son diferentes aunque en algunos puntos puedan complementarse.
Toda estrategia, está formada por diferentes acciones a realizar en diferentes campos: comunicación, mensaje, publicidad y eventos, pero todos dirigidos hacia un “target”: el público objetivo. Este mismo público que en un principio podemos considerar objetivo, mediante lo anteriormente citado, pretenden transformar en subjetivo, y sea cuando ejerzan su derecho al voto.
¿Y cuando se ponen en práctica estas estrategias?
Aunque es habitual seguir una determinada estrategia política a lo largo de la vida de un partido, es en periodos de campañas electorales cuando se hace mas evidente, ya que es cuando se examinan en persuasión y en capacidad de convencer a la población para que les otorguen su confianza y se sientan identificados con sus propuestas, sus líderes y sus formas de ejercer política.

Un factor importante dentro de esa estrategia política en campaña, es el programa electoral: propuestas de mejora ordenadas por bloques temáticos que expone ante el pueblo un partido político. Estas propuestas, en el caso de obtener la representación esperada, las llevarán a cabo durante los mandatos.
Pero, ¿qué ocurre cuando les damos nuestra confianza y no cumplen esas propuestas de mejora? ¿Y cuando las contradicen?
Como dijo Gustave Le Bon: “Uno de los hábitos más peligrosos de los hombres políticos mediocres es prometer lo que saben que no pueden cumplir.”
Es en este momento, cuando los ciudadanos pierden la fe depositada en los políticos, cuando se sienten utilizados y cuando piensan en la política como una gran mentira.

Por tanto, para que la política tenga el valor que se merece, y se crea en ella como un mecanismo de mejora, sería bajo mi punto de vista una opción, el crear un documento, un contrato entre el ciudadano y el partido, donde si no se cumple lo que el partido propugna en el programa electoral, tuviese consecuencias y penalizaciones.
Si esta posibilidad existiese,se pondría de manifiesto una ética política olvidada por muchos y tan importante en la vida política. Además tendría mas adeptos y tomarían de una manera mas sensata las propuestas. En este caso los partidos pensarían antes en las consecuencias negativas que supondrían algunas cosas expuestas como propias en sus programas, y crearían proposiciones acordes a las necesidades del día a día.
Por tanto, al igual que se controla a los ciudadanos, es necesario un control por el pueblo de las promesas y compromisos que la clase política les hace, para que ésta sea lo mas efectiva y consecuente posible.

La borrachera democrática

Dentro de la comunicación política, autores como Alain Minc, con su libro La Borrachera Democrática, es uno de los pioneros en estudiar la relación entre opinión pública, comunicación y política. Aquí expongo un breve resumen sobre el mismo, ya que considero de vital importancia el conocimiento de bibliografía tan influyente y en referencia a temas de comunicación política, como el caso que nos acontece.
Es un ensayo sociológico-político con un sentido agudo de la ocurrencia, caracterizado por la fuerza del pensamiento dominante en Francia a finales del siglo XX, consagrada a la ” democracia de opinión ” que pasará a suceder, según él, a la democracia clásica.
Alain Minc levanta una severa crítica contra los periodistas acusados de haberse dejado manipular en el asunto Greenpeace por ingenuidad y por sus gustos por una mediatización de la política bastante importante. Para él, una ” nueva trinidad” ha proliferado últimamente, con riesgo de la democracia. Siendo constituido por los jueces, los medios de comunicación y la opinión pública, habría sucedido a los tres “pilares” en los cuales reposaba el sistema clásico – la representación, el Estado-providencia y la clase media – y amenazaría con transformar la sociedad en un ” barco ebrio “, sin principios estabilizadores ni dirección firme.

Ninguno discutirá que las formas tradicionales de regulación social estén en crisis. El sistema de democracia representativa es debilitada por decadencia de los partidos y el papel de los sondeos. El Estado-providencia parece cada vez más impotente para responder a su misión, desde que los actores sociales prefieren el corporativismo al interés general. La expansión de la clase media, que encarnaba la esperanza de promoción de los más desfavorecidos, ha sido contrariada por el crecimiento de las desigualdades de toda orden.
En cambio, la descripción de la nueva trinidad considerada la reemplantación la antigua correa el lector perplejo. No volvamos sobre la crítica de los medios de comunicación que, en contacto con la omnipresencia de los sondeos, tienen, según el autor, profundamente alterado el juego político: los efectos depravados de la máquina popular no son negables, sino no sabríamos sin exageración imputarle la crisis de la política ni sobre todo sostener que tiende hoy a suplir el sistema representativo.
El juez, el segundo miembro de la tríada, aparece” como el regulador de todos los conflictos”. Saludemos con él el progreso del Estado de derecho en detrimento del ” Estado jacobino “, reconozcamos el desarrollo de la transparencia, del arbitraje, pero no enterremos demasiado rápidamente Estado-providencia, que Pierre Rosanvallon, nos invita a reconocer.
El último componente de la trinidad, la opinión es también la más misteriosa. Un “enigma”, afirma Alain Minc. El estallido de la clase media y los progresos del individualismo habrían desorganizado la sociedad, dejando subsistir que uno ” inasequible opinión “, que no sería producido unos medios de comunicación ni el de los sondeos sino se identificaría, que lee bien al autor, con un tipo de humor colectivo e imprevisible por naturaleza. Esta opinión enigmática sería, al fondo, un sustituto de las clases sociales, en lo sucesivo impotentes encuadrar tan moviente realidad.
Para dominar la ” democracia de opinión ” en gestación, el autor propone en efecto una nueva tríada, que considera más equilibrada: ” política, las élites y la opinión “. La política, pide desarrollar los procedimientos (los referéndum, por ejemplo) que hacen posibles los grandes debates nacionales, pero también de reforzar las instituciones independientes .Las élites, esperan hacer de contrapeso a las derivas populistas y cumplir, en nombre del interés general, su deber de pedagogía. En cuanto a la opinión publica, es importante escucharla, pero será mejor ” amaestrarla ” e intentar alienarla.