Eventos políticos y protocolo durante las elecciones catalanas

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Tras las elecciones catalanas y reflexionando con un poco de distancia sobre lo acontecido en estos últimos días, llego a la conclusión de que la vieja política se encuentra en pleno proceso de agotamiento, dando protagonismo a nuevas caras, nuevos líderes y nuevas visiones de futuro con las que mirar cara a cara a la política y a la democracia ciudadana que cada vez toma mas cuenta y ejerce mas control.

Dentro de la comunicación política, asistimos a la nueva imagen de la política, cada vez mas profesionalizada, donde el aportar valores diferenciadores basados en los intangibles de la comunicación, también provoca que los partidos políticos sean mas competitivos entre si, y a su vez, marquen la distinción a través de su mensaje, su transmisión y la persona que los realiza.

Debemos recordar que la utilización del protocolo y los eventos como elementos de la comunicación, se encuentran a medio camino por varios motivos, primero por que su puesta en escena no termina de encajar con la imagen que desean dar los partidos y en segundo lugar, porque se dejan llevar por modas que poca consonancia tienen con el mensaje, llegando a desvirtualizarlo de tal manera, que pierde su esencia.

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La organización de eventos y la implementación del protocolo sirven para contextualizar y potenciar, siempre que se haga de manera profesional y responsable, los mensajes e imagen de los partidos, dando aún mas fuerza a los eslogans, las propuestas y por consiguiente, los candidatos. Entre sus beneficios, tampoco podemos dejar de resaltar que su puesta en marcha genera contenido e información para los medios de comunicación.

En ese afán por demostrar la diferencia en los eventos durante esta campaña, hemos visto que la diversificación ha estado basada en los mitines al aire libre y los realizados en espacios cerrados, con escenografías similares donde el cambio se ha encontrado en el color, la utilización de símbolos y los actores políticos.

Algo que considero deberían tener en cuenta, es la utilización de la luz, ya que existe una tendencia a iluminar los macroeventos como si de una obra de teatro se tratase, con luces dirigidas sólo a quienes hablan. Este modo de proceder daña la imagen del candidato, ya que es mas un actor que un cargo político y la cobertura mediática de los mismos también se verá afectada.

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En el mismo sentido, la utilización de maxiletras, como las que se ven en las bodas, ayudan a reforzar la palabra clave en los mitines de campaña, pero abusar de ella también tiene consecuencias nefastas para los discursos y mensajes.

Los eventos micropolíticos también han estado presentes, pero han ocupado menos espacio en los medios, debido a la uniformidad en su puesta en marcha por los partidos que participaban en esta campaña.

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Si hacemos referencia al protocolo, ésta herramienta ha destacado por su escasez durante estas elecciones, pero sí ha tenido un protagonista total; la bandera.

Hemos presenciado la incívica pelea de banderas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona y la falta de conocimiento a la hora de colocarlas en los eventos de la campaña, incluso cómo han su mala colocación durante las declaraciones formales de Pedro Sanchez como actor político como si del Presidente del gobierno se tratase, con una puesta escena descuidada, y la colocación de las banderas errónea, dando prioridad a la Unión Europea, han dado menos fuerza a sus declaraciones.

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Por tanto, la correcta ejecución del protocolo y la profesional organización de eventos, genera también imagen, impulsa el mensaje, crea identidad y fortifica la reputación, unos intangibles que en comunicación, nunca se deben pasar por alto.

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Himnos y Protocolo

 

1340478291938Dentro del simbolismo de cada país, existen elementos que llevan inherente la función de la representación, donde las banderas son los más conocidos pero no los únicos. En el caso de España también forman parte de sus símbolos el escudo y por supuesto, la sintonía por excelencia, el himno de España.

El himno está cargado de tradición, fomentando el orgullo de pertenencia al país y haciéndolo reconocible de manera nacional e internacional, sumando hacia la llamada marca España que se está terminando de pulir.

Seguro que en los campeonatos deportivos, los minutos previos a partidos de fútbol de la selección o en algunos actos en los que la Casa Real haya intervenido, habréis escuchado el popular himno de España.

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Nuestro himno junto a la bandera y el escudo,  están regulados en el Real Decreto 1560/1997 del 10 de octubre donde entre otros puntos, refleja su denominación como marcha granadera o marcha real española, la partitura oficial,  las dos maneras en la que lo podemos escuchar, versión larga (52 segundos) y versión corta (27 segundos) y que su interpretación solo se realizara una vez, junto con que versión tocar dependiendo del acto o evento en el que nos encontremos.

Si por algo destaca el himno de España, es por ser el único en el mundo carente de letra, aunque los españoles nos encarguemos de tararearlo en “la” mayor cada vez que lo escuchamos o alguna cadena de televisión haya querido ponersela. 

El himno español no es el único que soporta anécdotas, existen multitud de ellas a lo largo de todo el mundo, donde puedo destacar por ejemplo, el himno japonés por ser el más corto de los que actualmente se tocan, con solo 4 líneas o el caso de Perú, que se eligió en concurso de compositores, teniendo su propia versión en lengua indígena.

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Si existe un caso curioso es el doblete de himnos que suenan en la región de Escocia, dejando a un lado el famoso “Dios salve a la Reina” británico y tomando relevancia  “Flor de Escocia”. Pero si por algo resulta anecdótico es porque habla de como los escoceses conquistaron su territorio y mandaron al orgulloso ejército de Eduardo a su casa, una letra que da una dosis extra de emoción a los partidos de fútbol entre los equipos de las distintas regiones del país anglosajón.

Quisiera recordar que protocolariamente hablando, este elemento de solemnidad y respeto, ha sido actor principal en competiciones deportivas, visitas de estado y eventos políticos, no solo por su escucha obligada, sino en muchos casos por el desconocimiento o error técnico que ha hecho o que no suene, o que se haya confundido con otra sintonía, momentos que nos han dejado toda una lista para recordar. A continuación reproduzco algunos de ellos.

Cine, Banderas y Protocolo

 

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Hace unos meses hicimos mención a como los eventos y el protocolo inundan la pequeña y la gran pantalla  en los guiones de muchos de sus protagonistas,  encontrando incluso películas basadas en estos acontecimientos especiales para dar un contexto a sus historias.

Siempre nos es grato ver ilustrado tu sector en los largometrajes que todo el mundo disfruta en el cine o en sus casas rodeados de familia y amigos al sonido y olor de las palomitas, ayudan en la labor pedagógica de enseñar al mundo nuestra amada profesión.

De hecho, no sé si será por defecto, pero cuando las personas que nos dedicamos a esta disciplina vemos unas banderas, lo siguiente que hacemos es colocarlas mentalmente y comprobar si están o no bien puestas, y estas últimas semanas que estoy viendo mas cine y series españolas de lo que habitualmente hago, cosa que ando remediando, me doy cuenta de la poca información que se tiene en el cine español acerca del protocolo y sus banderas.

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Es cierto, que cuando estamos ante una película de recorrido histórico o con mención a reyes, casas dinásticas o referencias hacia las clases altas en la historia, se preocupan por que todo esté perfectamente controlado,  acorde y verazmente cercano a la realidad protocolaria de aquellos tiempos. Pero el protocolo, no sólo existía en esos tiempos, sino que ha evolucionado y convive con nosotros en nuestro día a día.

Es cuando hablamos de películas modernas, con guiones y temas actuales cuando el protocolo se les va de las manos y se queda en el cajón desastre, rehuyendo de la importancia del protocolo y de la imagen que una correcta colocación de banderas en los planos, siguiendo lo estipulado por la ley, aporta al film en total.

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Somos muchos los profesionales del sector que somos amantes del cine, y que reconocemos y damos valor a una profesión que actualmente no se encuentra en su mejor momento, por lo que sería maravilloso, si ellos también reconocieran la importancia de nuestro trabajo contando con nosotros para estos detalles en sus películas.

El cine español, tiene una asignatura pendiente con el protocolo. Hay mucho trabajo que hacer para que en el séptimo arte, aprendan que con el protocolo, aportan calidad a sus películas. Necesitamos entendernos para que consigamos  que esta relación entre la comunicación y lo audiovisual, sea fructífera para todos.

Profesionales del cine y la televisión, ¡Cuenten con nosotros! La audiencia, se lo agradecerá.

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Imagen 1: Cines en Madrid

Imagen 2: No habrá paz para los malvados

Imagen 3: Isabel, serie

Imagen 4: La que se avecina, serie

República Monárquica

 

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Desde que el lunes saltara la noticia de la abdicación del Rey, muchas han sido las voces que se han dedicado a generar debate sobre el sistema político actual; ¿República o Monarquía?

De un lado, muchos toman la novedad como si el Rey hubiera fallecido y dan paso a mostrar símbolos republicanos como ganadores de una batalla que no ha tenido lugar.

Otros, piensan en la continuidad de la Monarquía como símbolo de tradición, unión y consecución de una democracia, pero sin olvidar algunos momentos en los que la Casa Real ha estado en el ojo del huracan y no precisamente por pautas de buena conducta.

Varias ciudades de nuestro pais se encuentran invadidas por mareas humanas debido a la convocatoria de manifestaciones pacificas a favor de un cambio. Todos tenemos derecho a manifestarnos, el cual, viene legitimado por la propia Constitución, el mismo documento normativo que habla de Monarquía Parlamentaria y que es necesario cambiar para poder pensar en una República, trámite que seguiría al referéndum que se está pidiendo en nuestras calles estos días, donde se pide que sean los ciudadanos los que elijan.

CONCENTRACION EN VALENCIA

Pero, ¿qué pasaría si las manifestaciones las realizaran aquellos ciudadanos que si quieren una Monarquía?

Lo que sí está claro es que estamos asistiendo a movimientos de radicalismo extremo sin respeto por los símbolos españoles como es la bandera, que aunque muchos estén en contra, siguen siendo los emblemas regentes.

Son unos pocos los que dan mala fama a aquellos que se manifiestan pacíficamente, pero lo que me parece realmente grave es que haya cargos institucionales que aprovechan estos momentos para oponerse al sistema del que ellos mismos son representantes y lo hagan permitiendo el egoísmo, el oportunismo y la falta de consideración.

Volviendo al debate, si fijamos la vista en aquellos países que nos rodean con una República como sistema político, observamos que las funciones que ostentan estas figuras, los Presidentes o Jefes de Estado, son bastante más limitadas que las que les ocupan a los Jefes de Gobierno. Entonces, si estos cargos llevan a cabo funciones meramente representativas, ¿Qué las diferencia de las que realiza un Jefe de Estado monárquico? ¿Conocen estos aspectos aquellos que rompen banderas y se manifiestan tomando la violencia y la intolerancia como valores rectores?

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¿En qué mejoraríamos con una República? ¿Y si continúa el sistema actual? Estoy totalmente de acuerdo en que sean los ciudadanos quien tengan la última palabra, pero creanme cuando les digo que nuestro día a día no cambiaría demasiado, y debemos saber priorizar.

Quieran República o Monarquía, hagamos un poco de autocritica señores, siempre anclada en la educación y el respeto.

Cuando la política olvida el protocolo

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Estamos asistiendo al cambio del protocolo tal y como lo conocemos, el problema, es que la manera de llevarlo a cabo está produciendo mas confusión que otra cosa.

Fue en los últimos días de 2013 donde protocolo y política se volvieron a entremezclar ante la mirada de todos los ciudadanos, esta vez atónitos al poder comprobar que la colocación de banderas tal y como expone la Ley 39/1981, una normativa primordial en los estudios básicos de protocolo, quedó suprimida por parte de los técnicos de Casa Real por un lado durante el discurso del Rey, de Moncloa en la comparecencia de final de año del Presidente del Gobierno por otro. Si no teníamos bastante,  también pudo verse en algunos discursos autonómicos como el de Aragón.

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Las  máximas instituciones políticas de nuestro país, tradicionales y costumbristas, han optado este año por liberarse de esas dos características a costa del protocolo, otorgando a la bandera europea una cesión por cortesía considerada por diversos profesionales del protocolo fuera de lugar en los discursos mas esperados de final de año.

¿A que se deben estos cambios?

El protocolo da, pero últimamente solo recibe contrariedades.

images (100)Mucho o poco han recapacitado acerca de lo que ese giro de tuerca  protocolario conlleva, tal vez lo han visto como positivo. Cuestión en la que me parece que los responsables pertinentes no han pensado, es en la imagen que con esa manera de tomar a su manera la colocación de banderas de los llamados “protocolistas”, los técnicos  en protocolo, ya que mas que positiva, resulta negativa e incluso podemos considerarla perniciosa.

Si ya hemos sido atacados por los abusos de unos pocos, ahora que cada uno interpreta la ley como quiere en las instituciones, el desprestigio de la profesión es cada vez mayor, una carrera necesaria y que tiene entre sus objetivo fomentar una imagen de unidad, respeto y orden que no es correspondida con lo visto en los últimos actos institucionales, que no representa el esfuerzo que supone llevar a cabo estas tareas protocolarias.

Estoy de acuerdo en que el protocolo debe ser flexible, y ocupar posiciones no protagonistas en los actos institucionales, pero una cosa es quedar en la sombra, y otra relegar la bandera española a una segunda posición cuando nos encontramos en territorio nacional.

Rompo una lanza a favor del protocolo, de sus características, de sus funciones y de sus profesionales, porque es necesario, porque sin el protocolo, los actos y eventos alrededor de las instituciones y organizaciones se convertirían en una autentica  tierra de nadie.

En definitiva, en la balanza de la política y el protocolo,  es el primero el que ostenta un mayor peso, donde será  el segundo el dañado en favor de lo político, donde el equilibrio brilla por su ausencia, y donde las cuestiones puramente políticas, cerca de acaparar a la ciudadanía debido a la cercanía de elecciones o en una acción de dar el papel principal a Europa,  abruman y alejan el necesario protocolo que es el verdadero protagonista a la hora de ejecutar estos actos institucionales.

Dignifiquemos el protocolo.