Palabra Política

Las palabras son el primer paso hacia el poder. Hay que ser consecuente con ellas.

Son las que consiguen empatizar con el público y las que determinan su representación, pero tambien hay que pensar antes de hablar si te entenderán todos los que te escucharán en el presente y en el futuro. Las palabras quedarán grabadas en la historia, no permanecerán solo en el recuerdo, gracias a las nuevas tecnologías.

La palabra sirve de nexo de unión entre lo que un ciudadano quiere y un político promete.

Si hablamos de tiempos electorales, los programas son importantes para el transcurso de una campaña, pero realmente hay un porcentaje muy bajo de población que lo lee al completo.

Son las palabras dichas, las promesas lo que la gente recuerda y ayudan a que un determinado político consiga representación.

Hay que reconocer la existencia de un cambio significativo en la utilización de los vocablos en el transcurso de tiempos políticos, me explico; las palabras que se utilizan durante elecciones y las que se utilizan en tiempos de gobierno tienen fines y objetivos totalmente diferentes, pasando de la acción y movilización ciudadana a través de palabras de colaboración, cambio y vota, a términos menos elocuentes y que no arrastran a la llamada. Dan a entender con este cambio de actitud que sólo quieren participación de los ciudadanos para conseguir votos y que éstos permanezcan en la sombra de sus acciones, tomando como ciertas y verdaderas todas las promesas que se realizan en campaña.

Hay un miedo generalizado en nuestra clase política a decir determinados términos, un temor que aún siendo palabras diferentes, ha existido siempre, ¿por qué?

El caso de Zapatero ocultando la “crisis” y de Rajoy con “rescate” son dos ejemplos significativos, donde optaban por frases sin sentido e imposibles de entender antes que decir la palabra maldita. A mi me enseñaron a reconocer los errores y a llamar a las cosas por su nombre, no se en que escuela han estudiado algunos de los políticos españoles.

Antes de pronunciar cualquier término, hay que preguntarse a uno mismo si será entendida por el público oyente o dará lugar a confusión. Por tanto, la palabra debe ser como el agua, limpia, transparente, clara y accesible por igual por todos.

Y termino citando al gran Montaigne: La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha .

 

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